Se
me habían fijado ya las tres de la tarde del día once de septiembre del dos mil
quince para la celebración de la audiencia ante el Juez de Control por un
delito contra la salud. Llegue a las dos de la tarde al edificio donde radican
los Juzgados Federales de Distrito en Puebla. La tarde era cálida. Me encontré con
los abogados litigantes de común y otros que son amigos míos, les pregunte si
alguno de ellos habían llevado algún juicio oral, la respuesta fue negativa. ¿Cómo
iba yo a salir del trance?, tampoco había llevado alguno en mi vida; sin
embargo, ya era demasiado tarde para renunciar a la defensa. A mi lado estaba
el Licenciado Julio Cesar López, joven exitoso. Encontramos a Miguel Ángel y a
varios más. Paco ya estaba esperando en la entrada y el imputado no llegaba.
Veinte
minutos más tarde, después de informar todo el procedimiento a nuestro defendido,
nos encaminamos hacia la entrada. Los guardias de seguridad nos preguntaron el
motivo de nuestro ingreso, un juicio penal; nos anotaron y preguntaron, de
manera individual, la razón de nuestro ingreso, Abogado defensor, contesté. Las
copias de la carpeta de investigación estaban perfectamente estudiadas a mi
entender; con todo, la realidad es como es, sin ninguna concesión.
El
registro a la Sala de los Juicios Orales fue más formal. Nos dirigimos al
elevador y vi marcar piso 13. Me preguntaron como me sentía, bien respondí.
¿Nervios?, no, desconocimiento. En ningún momento dude en mi capacidad de salir
avante. Llegamos al piso trece. La pantalla no anunciaba el juicio. Alguien,
del Juzgado de Control preguntó, si estaba allí alguien por el juicio de las
tres de la tarde, asentí y me presente como el Abogado Defensor. Bien dijo la
asistente del Juez, e inquirió por el imputado, le conteste que venía conmigo,
la abogada me dijo que no lo habían podido notificar, le conteste que ya había ido
a la Procuraduría General de la Republica a subsanar ese inconveniente,
¿entonces se va a llevar a cabo la audiencia?, me preguntó, si conteste,
esperen un poco, hay una audiencia retrasada. Juicio 252/2015, finalmente me
dijo. Bien dije y me fui a leer un poco.
Encontré
un abogado conocido mío, quien me preguntó si era yo experto en juicios orales,
no. Me vio con incredulidad, me dio un saludo de despedida y compasión. Son
duros sino sabes, asignan un Defensor de Oficio, bien que así sea. La hora llegó.
Nos fuimos nuevamente registrando. El imputado y su Defensor de este lado. Claro.
Nos llamaron a la sala e ingresamos mi defendido y el de la voz.
Nos
dieron sitio frente a una mesa con micrófonos. Le pidieron sus generales a mi
defendido. Dio los datos y me pidieron mostrara mi cedula, no el título, la
cedula me dijo la auxiliar del Juez de Control. Extendí copia certificada de mi
cedula con su respectiva copia. Ingresó el Ministerio Público Federal. Entraron
nuestros acompañantes y el público en general.
El
escenario estaba ya puesto igual que a la gringa, seguridad por todos lados.
Audio y video. Bien. Entró su Señoría. Todos de pie, ordenó su auxiliar. Todos
de pie. El Juez de control, saludo cortésmente y todos saludaron, incluyéndome.
Preguntó al imputado si le había yo explicado sus derechos y los alcances del
procedimiento, asintió y dijo que enteramente. Me interrogó sobre si sabía el contenido
del artículo 117 del Código Nacional de Procedimientos Penales, contesté que sí.
Se inició el procedimiento con la imputación y terminada a detalle preguntó si teníamos,
imputado y defensor, alguna cosa que alegar a nuestro favor, dije que no que
era perfectamente verdad. Se me dio dio el uso de la voz y empecé con el pie
malo. Me extravié en el procedimiento. Su Señoría nos llamó a su cercana
presencia. No haga peticiones fuera de tiempo o me veré en la necesidad de
asignar un Defensor de Oficio, asentí. Ponga sus ideas en orden me dijo
severamente. De regreso a nuestros lugares.
Siguió
el procedimiento y el Juez de Control preguntó a mi defendido si quería que se
dictara el Acuerdo de Vinculación a Proceso o prefería que se hiciera dentro de
las 72 o 144 horas, consúltelo con su Abogado, sentenció, dije que en ese
momento y no otro. Después me dijeron que se hubiera señalado las 72 horas ya
que inicie mal. Se hizo un receso de veinte minutos y me miraban como un
cordero en el matadero. Era mi Rubicón.
Regresamos
a la sala y se dictó perfectamente el Acuerdo de Vinculación a Proceso por el
Delito contra la Salud en su modalidad concreta. Solo pensaba en poner mis
ideas en orden. El Fiscal se dispuso a dictar las medidas cautelares. Pedí el
uso de la voz a su Señoría y se me concedió. Solicite que se debatiera sobre la
terminación alternativa del proceso y proseguí con las condiciones sobre las
cuales era procedente, oportuna, sin plan de reparación y su plazo. Hice lo
mejor que pude. El Juez de control me señalo que debería mencionar el artículo
y sus fracciones, repare las omisiones y preguntó al Fiscal Federal si tenía oposición
fundada y contestó que no.
El
Juez me miró e hizo toda una acertada narración sobre el caso Radilla y la reparación
del daño. Si bien no hay una víctima u ofendido concreto, si lo es la sociedad
y en tal caso debe su defendido dar una disculpa pública como reparación del
daño; le preguntó al imputado si lo haría, siempre bajo mi asesoría y quizá yo
era el que necesitaba asesoría. Evidentemente, le dije que hiciera la disculpa pública
y lo hizo. Nuevamente, el Juez de Control, le preguntó al Fiscal Federal, si tenía
oposición fundada, contestó que no e hizo una s precisiones sobre el imputado. El
Juez de Control, dictó su acuerdo, modificando la Suspensión Condicional del
Proceso, precisó lo conducente, le preguntó a mi defendido si se obligaba a
cumplir mi propuesta con sus modificaciones, mi defendido me miró sentí, respondió
que sí; el Juez le explicó las consecuencias y dio por terminada la audiencia. El
resultado se había conseguido. Si el imputado cumplía con las condiciones se extinguiría
la acción penal.
A
la salida uno de los asistentes me dijo, tuviste suerte, si le contesté y, añadí
y el Código Nacional de Procedimientos Penales.
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